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08 junio, 2017

Cuando la ópera es el arte de la integración

Lóva, el proyecto educativo impulsado por el Teatro Real, cumple 10 años de éxitos con 7.000 alumnos y 100.000 espectadores

Encima del escenario, cara al público, con los cantantes y los músicos en acción, la ópera resulta un gran espectáculo. Pero es que detrás, hablamos de algo con mayor envergadura: de la vida. Una sucesión de oficios, de brazos, de talentos, muy parecidos al mundo real. Con sus electricistas, modistas, maquilladores, peluqueros, pintores, regidores, comunicadores… Una cadena que se desata en la fantasía del escenario pero que alrededor da la medida de algo muy real, pegado al cabo de la calle. Es lo que desde hace 10 años pone de manifiesto Lóva (la ópera vehículo de aprendizaje), el proyecto educativo que mediante el arte musical como proceso, no como fin, ha integrado a 7.000 alumnos de toda España con 370 profesores en 252 espectáculos que han visto ya unos 100.000 espectadores.

Para conmemorar la década de una propuesta que nació bajo iniciativa de Miguel Muñiz cuando dirigía el Teatro Real, el día 11 se celebra una gala en el teatro. Acudirán alumnos y profesores que lo han desarrollado por todo el país. Pedro Sarmiento, su coordinador, hizo balance junto al director artístico, Joan Matabosch, este jueves en Madrid. “No es un proyecto que busque un resultado bonito. Es una labor educativa”, aseguró Sarmiento. “No hablamos de un curso de interpretación, sino de una tarea de integración, de una suma en la que se demuestra que todo el mundo puede ser bueno en algo”, añadió Matabosch.

Para certificarlo andaban por el Real Patricia Jiménez y Pilar Camacho. La primera participó en el proyecto en sus inicios en el Instituto Tierno Galván de Móstoles. Hoy estudia para dedicarse a la enseñanza en la Universidad Rey Juan Carlos. Una vocación que según ella, vino de la mano al descubrir el Lóva su talento para ello. Camacho, en cambio, ofrece otra perspectiva. Es madre de una de las alumnas implicadas en el Mario Benedetti de Rivas Vaciamadrid. “Las horas fueron incontables, pero de ahí salimos con un pensamiento crítico y una conciencia de responsabilidad para encajar las piezas en el puzzle que nos servirán toda la vida”, asegura la alumna. “Para mi hija, entrar en Lóva fue como enfrentarse a la vida misma concentrada en un año. Maduró de golpe, algo que tiene sus ventajas y también sus inconvenientes, claro”, aseguró Camacho.

El éxito de Lóva a lo largo de 10 años ha extendido su crecimiento fuera de España.. Dentro cuenta con 50 compañías en varias comunidades autónomas. Pero fuera, aparte de desarrollarse en colegios del Reino Unido y los países escandinavos bajo otras asociaciones que han copiado el modelo, ha recibido distintos impulsos y reconocimientos. La Comisión Europea lo ha distinguido como ejemplo de buena práctica para el desarrollo de la competencia cultural. La cátedra UNESCO de Políticas Culturales de la Universidad de Girona está realizando una evaluación del mismo que finalizará en junio de 2018. “En este aspecto, tratan de evaluar cuantos hábitos culturales han desarrollado los alumnos implicados frente al resto”, comenta Sarmiento.

El proyecto abarca todo el proceso educativo desde primaria y secundaria hasta la universidad. Lo integran alumnos de entre 5 y 17 años. Se ha desarrollado en cárceles también y ha propiciado un curioso efecto bumerán. “Nació en Seattle pero lo desarrolló sobre todo el Metropolitan de Nueva York. Lo trajo a España Mary Ruth McGinn, que cada año da un curso de formación para profesores en España”, asegura Sarmiento.

Pero En Estados Unidos se enterró la iniciativa. “Por aquello de que los colegios e institutos se centraron más en resultados académicos y no en el desarrollo de estas iniciativas. Pues bien, este año, tras haber sido abandonado y debido a nuestro éxito, regresa y se empieza a desarrollar en la Ópera de Washington desde agosto”, comenta Sarmiento.

 

 

 

Fuente: EL PAÍS - EDUCACIÓN