Noticia
08 junio, 2017

La escuela alternativa de Lledó

El colegio de un pequeño pueblo de Teruel pasa de agonizar a ampliar las instalaciones por la matriculación de niños cuyas familias querían "una educación diferente"

"El colegio está ahí, no tiene pérdida, se oye el jaleo de los niños", indica una vecina de Lledó (Teruel, 150 habitantes) mientras señala con su dedo índice. Hace cuatro años, pronunciar esta frase en este municipio, afectado como tantos otros por el éxodo rural, era imposible. La escuela agonizaba con solo tres alumnos. En 2013, el Ayuntamiento lanzó un grito de auxilio para que se trasladaran familias con hijos al pueblo y así mantener el mínimo de alumnos que el Gobierno de Aragón exigía para mantener abiertas las instalaciones. Este tiempo el colegio ha conseguido mantenerse a duras penas, hasta que en el inicio del curso de 2017 las matriculaciones ascendieron de sopetón hasta los 20 niños.

Lledó acabo el curso de 2016 con siete alumnos y en septiembre llegaron las 13 nuevas matriculaciones. "Llamé al alcalde para contárselo y me dijo que si estaba loca, que tenía que haberme equivocado", cuenta la alguacila, Antonia Serrano. ¿De dónde salían todos estos nuevos alumnos? La mayoría son hijos de familias instaladas desde hace años en masías y pueblos de la zona, que hasta ese momento habían llevado a los niños a una escuela libre autogestionada o a otras escuelas de municipios de mayor tamaño. Este curso, la llegada de una profesora con ideas nuevas motivó que todos estos alumnos eligieran Lledó.

Ella es Lorena Rubira y también es madre de un niño de cinco años inscrito en esta escuela. "La mayoría de los alumnos nuevos estaban sin escolarizar porque sus familias buscaban un tipo de educación diferente a la tradicional", explica mientras dos decenas de estudiantes juegan bajo el sol a la hora del recreo. "No hacemos nada extraño, esto es educación viva, que consiste en que haya actitud de respeto y escucha ante el niño, respetar los ritmos de cada uno, ponerle en relación con su entorno, que haya más implicación de las familias... Ir más allá de los deberes y los exámenes", resume la docente.

Los padres reconocen que al inicio del curso hubo recelo entre los autóctonos ante lo desonocido. "Lorena venía con maneras diferentes de lo que yo había aprendido en la escuela, llegaron críos nuevos, nuevas formas de pensar... Me parece bien que se busquen otras formas de educación pero que sigan sabiendo lo que es un libro. Lo que yo no quería era que esto se convirtiera en un 'Viva la Pepa", cuenta Sabina Rosa, la madre de Iker, antes de acompañar a la docente y a la clase de su hijo a la biblioteca para ejercer de cuentacuentos. La escuela ha recuperado una de las aulas, que permaneció cerrada los años en los que había solo tres alumnos, planea remodelar el patio y cuenta ahora con tres docentes.

Según datos del Gobierno de Aragón, entre 2011 y 2015, el Ejecutivo de Luisa Fernanda Rudi (PP) cerró 30 escuelas rurales en toda la Comunidad debido a que el Gobierno comenzó a exigir un mínimo de 6 alumnos por escuela para mantener los centros abiertos El Ejecutivo de Javier Lambán (PSOE) se ha mostrado más flexible a la hora de mantener abiertas las escuelas con menos alumnos y mantiene aquellas con 4 alumnos (y con 3 en algunos casos). Ahora mismo en Aragón hay 20 escuelas con 5 o menos alumnos, y 31 centros con 6 alumnos o menos.

Isabel Navarro y su marido se mudaron a Valderrobres (2.400 habitantes) hace cinco años provenientes él de Bilbao y ella de Valencia. Educaban a su hija en la escuela libre y este curso inscribieron a su hija Asia en Lledó. "Nunca quisimos imponer nada al llegar aquí, esto es un proceso de evolución de todas las partes porque vemos que lo de antes no funciona". Otro padre recién llegado a esta escuela, Carles Yagüe, asegura: "Todos hemos tenido que dialogar y ha sido enriquecedor. No quiero que mi hija solo vea una cosa. Esto se llama convivencia, hay mucha conversación y mucha asamblea". A pesar de vivir en Cretas, un pueblo cercano que quintuplica la población de Lledó, también prefiere traer a su hija aquí. "¡No somos hippies ni nada!", bromea.

Junto a Rubira, profesora de infantil, trabaja Ana Pérez, de primaria. También ellas han tenido que compaginar dos formas diferentes de concebir la enseñanza. "Al principio hubo revuelo, totalmente comprensible", explica Ana. "Como hay mucha falta de información combinado con una especie de miedo a la invasión, se juntaron muchas cosas. Pero ahora se ha creado una comunidad", añade Lorena.

20 sobres de colores lucen en un tablon colgado en la pared entre las dos plantas de la escuela. Cada alumno colocó en ellos papelitos con las cosas que les hacen felices. Tal vez alguna de ellas sea esta escuela.

Fuente: EL PAÍS - EDUCACIÓN