Noticia
09 junio, 2017

Un libro que habla del ‘bullying’ en primera persona

‘Yo también sufrí acoso escolar’ recoge testimonios reales de personas que se han atrevido a contar su caso

Nacho Guerreros y Sara Brun son amigos desde hace 20 años. El año pasado, el actor comentó a su amiga que había sufrido bullying y que quería contar, porque le parecía importante, su historia a todos sus seguidores adolescentes que tiene por su personaje, Coque, en la serie La Que Se Avecina. Además. Y les pareció importante encontrar otros testimonios reales que se atrevieran a contar su caso en primera persona. Así comenzó el proyecto que ahora llega a las librerías de toda España: Yo también sufrí bullying. "Cuando la editorial nos dio el sí, fui a hablar con la persona que más claro habla sobre bullying Iñaki Piñuel, que me hizo un mapa de la situación real sobre el acoso escolar. Él nos puso en contacto con AMACAE donde pudimos así conocer casos reales.", explica Brun. "También fue esencial conocer a Araceli Oñate que es especialista en la intervención y prevención integral del acoso psicológico en el entorno escolar", prosigue, "su estudio Cisneros X es el más completo hasta la fecha y nos fue de gran ayuda. Además, no podemos olvidarnos de destacar el papel de ANAR -con la compra del libro se colabora con esta organización-".

"Gero García ha sido importante. A su escuela van padres de víctimas para que los hagan fuertes y lo que realmente les enseña es a tener seguridad y meterlos en el grupo y a los acosadores les enseña a que tengan empatía. Él va como hombre de la calle y padre, ¿Qué estamos haciendo ahora con la educación? Cree que hay que poner límites y no entiende cosas como que los chavales se pasen horas viendo cómo juegan otros chavales. Al ser de otra generación no nos entra en la cabeza. Él sube a los acosadores al ring y cuando se sienten indefensos allá arriba les dice que es como se sienten sus víctimas", explica su autora.

"No sé el día concreto en el que empezó todo, pero tenía claro desde que pisé esa aula que algo malo me iba a pasar. No me sentí, en ningún momento, parte del grupo. Un día te desaparece la mochila, otro día te cae una colleja, pero no sé qué día empezó el acoso", rememora Guerreros. "Simplemente, llegó un día que no quería ir, que el camino de casa al Instituto de Formación Profesional era un suplicio. Hasta que un día, me crucé con dos individuos que me atacaron por clasismo, pensaban que yo no debía estar ahí. Ellos venían de un colegio privado y se sentían que estaban por encima de todo. A mí no me gustaba jugar al fútbol ni dar patadas a un balón como a ellos. Como me salía de esas normas, me salía de alguna forma de la manada. No me atraía nada lo que hacían. Tenían mi edad y ya salían por las noches, fumaban…", relata el actor.  Lo positivo que saca Guerreros es que gracias a estos dos individuos decidió que no iba a seguir cursando Delineación con ellos. "Lo zanjé el primer año. A partir de ese momento, verbalicé que quería salir de ahí para hacer lo que más me ha gustado desde pequeño: Ser actor".

Poder transmitir esta experiencia gracias a este proyecto ha significado para Guerreros quitarse el rencor y el odio.  "Quise contarlo para demostrar a los que sufren acoso que se puede salir y hacerte un hueco en la profesión que te apasiona, como hice yo", prosigue.

Del acoso escolar se habla ahora más, pero todavía poco. "Gracias a este proyecto, nos ha sorprendido cómo la víctima espera a ser acosada a diario y se llega a acostumbrar a ello", añade Brun. "A descubrir que esto es una bola de nieve que no sabes dónde empieza. Un niño se mete con otro niño, luego entran otros niños y hasta se pelean entre las familias de los niños, luego contra el colegio y después a la Fiscalía. Nadie se pone a charlar sobre el tema. Existen un montón de protocolos por comunidad autónoma que los colegios adaptan y nadie lo vigila. Para el colegio es un marrón que el profesor tenga que testificar", prosigue.

En el libro han contado con expertos a los que se debería consultar para regularlo. "No queremos que salgan más leyes desde los despachos, sino que se hable con la gente adecuada. Me ha sorprendido la indefensión total de las víctimas y sus familias desde todos los frentes: Fiscalía, Colegio, Padres del Acosador", continúa. "Es increíble que no pongan a trabajar conjuntamente a la gente que conoce este tema de primera mano. Además, creo que en determinados casos se debería revisar la Ley del Menor para que no se vaya de rositas el acosador", añade Guerreros.

El papel de los padres también queda retratado en el libro. "A veces ese acoso se exterioriza simplemente con que el chaval no quiere ir nunca al colegio. En otros, el niño por no preocupar a sus padres no dice nada. Otras no quiere contarlo por miedo a que si lo cuenta será aún más castigado en el colegio", explica Brun. "En mi caso, yo vomitaba el desayuno, era la forma de exteriorizar lo que me estaba ocurriendo. El tutor era un señor autoritario, así que yo no dije nada. Él sabía lo que pasaba. No tuve ni una palabra de cariño por su parte", dice con dolor Guerreros.

Además, en la actualidad, las redes sociales han fomentado que haya más acoso: "En mi época las redes sociales ni existían ni se las esperaba. Ahora es muy distinto. Ese acoso que antes se quedaba en el estricto entorno escolar ahora se extiende a las redes sociales y grupos de WhatsApp que pueden servir para ridiculizar a esa persona acosada. Incluso se graban las agresiones y se cuelgan en internet. Así, el agresor se autoreafirma de alguna forma", incide el actor.

"Es esencial que los padres hagan sus deberes", añade Guerreros. "Parece que nuestros hijos son los más perfectos. Cuando un padre sabe que está acosando su hijo y el padre duda del profesor, de los padres de la víctima… No escuchan, defienden a sus hijos", reitera. "Se deja toda la educación en manos de los profesores y eso es un error", concluye Brun.

El acoso escolar es un fenómeno con multitud de causas y agentes implicados, cada uno de ellos con un grado distinto de responsabilidad. Todos somos el problema y por tanto TODOS FORMAMOS PARTE DE LA SOLUCIÓN. Mientras no seamos conscientes de ello no avanzaremos hacia una mejora de la convivencia estable, dentro y fuera de los centros educativos. Hay que partir de una tolerancia cero a la violencia de cualquier tipo, al acoso hay que llamarlo por su nombre y no negarlo, denunciarlo. Como docentes vivimos el conflicto y la violencia en primera fila, imposible apartar la mirada, llevándose una parte importante de nuestro trabajo y esfuerzo, pero desafortunadamente no siempre se logra el resultado deseado. Es imprescindible que centros y familias caminen en la misma dirección, se comuniquen, no se culpabilicen y colaboren desarrollando propuestas para la mejora de la convivencia. En la actualidad así se está haciendo en muchos de nuestros centros educativos, dándose planteamientos francamente interesantes, innovadores y me atrevería a decir, que efectivos. Si todos difundimos el mismo mensaje y adquirimos el mismo compromiso, será más probable que el resultado sea más satisfactorio.

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Fuente: EL PAÍS - EDUCACIÓN