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13 junio, 2017

“El público espera más de lo que eres”

El tenor Juan Diego Flórez cierra el ciclo Voces del Real con un repertorio que va de Cimarrosa a Verdi

Juan Diego Flórez (Lima, 1973) está en lo más alto. En lo más alto de su carrera como tenor. Y en lo más alto del Teatro Real. Sin metáforas. Sube al tejado del edificio y no puede evitar exclamar “espectacular”. Madrid está a sus pies. Este martes, 13 de junio, vuelve a un escenario que le ha dejado muchas satisfacciones y ovaciones cerradas. “Estoy contento siempre de regresar a este público, que es tan caluroso y tan entregado”. Los espectadores llevan décadas mostrándole ese calor. Aunque el que estos días aplasta la ciudad no es bueno para su voz. “Madrid es seco y los cantantes sufren incluso en el teatro y aquí arriba la sequedad es increíble. Pero tengo que decir que me gusta estar aquí en el tejado, porque eso me aclimata para el concierto”. Es un tenor perfecto. Y perfeccionista. Que hace fácil lo imposible y que ha evolucionado desde sus principios belcantistas hasta el repertorio romántico.

Pregunta. ¿Cómo se consigue estar siempre en la cumbre?

Respuesta. Me parece que mi trabajo no es un trabajo, me encanta hacerlo. Pero, claro, hay que estar siempre preparado para estar al máximo porque el público se espera lo mejor de ti. Más de lo que tú eres. Hay que estar siempre al cien por cien y eso no es siempre posible porque la garganta es muy delicada. No podemos cantar todos los días, tenemos que dejar entre conciertos al menos dos días. En mi caso es así. Y si has llegado a un nivel, cuando tropiezas todos escriben sobre eso… Pero me gusta el reto, me gusta el hacer óperas nuevas.

P. Óperas nuevas y papeles muy diferentes. ¿Qué tiene en el horizonte?

R. Se vienen óperas muy interesantes como La Traviata o Los cuentos de Hoffmann. Dentro de poco, en el Festival de Salzburgo, Lucrezia Borgia. También cantaré Norma. Pero ¿por qué no?, también Mozart. Creo que el futuro me depara algunas óperas de Mozart como Don Giovanni, Idomeneo o La flauta mágica, que me encantaría hacer en Viena. Aunque programado solo está Don Giovanni. Cuando yo le muestro a una persona normal mi calendario me dice: 'Pero cómo tienes cosas en el 2022'. ¡Si es que así se programa!

P. Dice “una persona normal”. ¿Un cantante de ópera no es una persona normal?

R. Yo creo que muy normal, no… [Se ríe].

P. Y la ópera tampoco es un espectáculo normal, ¿qué tiene de extraordinario?

R. La ópera es el espectáculo completo, el espectáculo mágico que envuelve todo y que es algo único. Y creo que va a tener aún más valor. No ha pasado de moda y es actual. Los temas son actuales, incluso más fuertes y más potentes que cualquier película de ahora. Es orquesta, madera, metales y el cantante que canta con su voz sin necesidad de un micrófono y que tienen que escucharte todos y emocionarse.

P. Usted consigue que los espectadores se emocionen hasta el llanto.

R. La última vez que hice Werther en Zúrich, el público se acercaba al final y me decía 'he llorado'. Todo el mundo lloró. Creo que es algo… que no lo explicas. Que tiene que ver con el momento, con ese momento en el cual tú estás expresando, estás sintiendo. Y sientes que ellos están sintiendo. Y a veces, no pasa. A veces no pasa y tú también lo sientes. Porque tú no tienes ese duende dentro o esa inspiración o no es tu día. Pero cuando lo sientes es verdad, cuando al final se acerca la gente y te dice “oye, fue increíble” o “lo sentí”, creo que eso es lo potente de la música.

P. ¿La música puede cambiarnos la vida?

R. Yo pensé que la música era fantástica, que podía llegar a la gente, que podía tener un efecto en el teatro. Cuando vas a ver una ópera, cuando vas a ver un concierto, sales conmovido. Hay un cambio en ti. Pero no sabía que la música podía realmente rescatar a los niños, darles una oportunidad, darles autoestima, hacer que ellos vean sus vidas de modo diferente. No sabía esto… y cuando lo supe dije esto lo tenemos que hacer en el Perú y así lo hemos hecho.

En 2011, Flórez decidió embarcarse en un proyecto para mejorar la vida de los niños. “Se trata de transformar la sociedad a través de la música, porque yo quería hacer algo por la niñez… y ¿qué hay más potente que eso?”. La repuesta a esa pregunta es Sinfonía por el Perú. Más de 6.000 menores de las capas más desfavorecidas aprenden música en 20 escuelas repartidas por todo el país. El 1 de julio ofrecerán un concierto en el Estadio Nacional de Lima para los damnificados por el fenómeno de El Niño. Es otro paso más en la educación de estos pequeños intérpretes. “El hecho de saber que ellos también pueden ayudar, no solo recibir, es muy importante para su formación”.

P. Se le iluminan los ojos cuando habla de Sinfonía por el Perú.

R. Hay niños que he visto desde muy pequeños y ahora que han pasado seis años son más grandes, tocan mucho mejor. Están felices. Hay historias de madres que mandan e-mails, cartas… Que cuentan agradecidas como sus hijos han mejorado en diferentes aspectos. Eso te da mucha satisfacción y te reitera que lo que estás haciendo está bien. Además, lo hemos demostrado con un estudio muy serio, que los niños mejoran en diferentes aspectos, en el colegio, en la familia, en la calle…

P. Es usted un hombre de retos.

R. Siempre me complico, en el sentido de que busco más cosas. Ahora estoy siendo mucho más cauto en cómo estructurar mi calendario y concentrarme en lo prioritario. Si hay demasiadas cosas una detrás de otra no puedes realmente seguir y en eso radica el éxito de algo: en el seguimiento.

P. Está concentrado en su carrera y en su familia. Sus hijos han crecido en una casa donde se vive la música.

R. Leandro estudia el violín, tiene seis años. Su mamá también toca. Y le hace practicar. Y Lucía canta muy bien. Tiene solo tres años y dentro de poco va a empezar también con el violín. Con los niños, como les cantó mucho, empecé de nuevo a tocar la guitarra. Y ahora pues toco la guitarra en conciertos, en recitales. Se ha vuelto una tradición que termine los conciertos guitarra en mano y cantando música peruana o latinoamericana y tiene un impacto… Son sorpresas, porque no pensé que iba a tener tanta acogida esto de la guitarra.

Y aunque no tiene guitarra y a pesar de que el calor de Madrid no respeta ni al tenor perfecto, Juan Diego Flórez termina la entrevista cantando La Flor de la canela desde los tejados del Real. Donde merece. En lo más alto. Con la ciudad a sus pies.

Fuente: EL PAÍS - EDUCACIÓN